
(Gracias a María Álvarez que me dotó de información, ya ella sabe)

"¡Míralas, míralas qué minifaldas llevan puestas!. ¿No tendrán frío?". La frase aún no ha salido de tu boca y ya sientes como, si de repente, te volvieras un poco más viejuna y se te cayeran veinte años encima. A estas alturas del año ocurre a menudo. Piensas: "Uno de diciembre ya, madre mía, se me pasó el año volando. Ya están aquí las Navidades" o "¡Madre mía son las seis de la tarde y ya es de noche de todo!" o "¿Qué quieres qué aparato para Reyes? ¡Madre mía es que ya no saben qué inventar!" y, de repente, el incesante y basto universo se te echa encima en forma de arrugas, de canas o de bajones morales. Tendemos a creer que la solución pas por llamar a unos amigos y disfrutar de la noche, que sigue siendo joven. Desde aquí os lo digo. El remedio es peor que la enfermedad porque el grado de peligrosidad e incidencia de la resaca en tu cuerpo ha llegado, en estos momentos de tu vida, a un punto de no retorno que te lleva a otra frase viejuna: "¡Pero si yo antes aguantaba....!"

En verano esto de estar en el mercado laboral no lo llevo con calma. Como fui la última en llegar al curro, también soy la última en elegir fecha para irme de vacaciones. Consecuencia: No las tengo hasta finales de septiembre. ¡Ay, mujer, pero de qué te quejas, si está todo más barato!. Si, efectivamente, está todo más barato y más arrasado. Vete tú, a finales de septiembre, a pedirle al camarero que te sirva el pescaíto frito con una sonrisa. El susodicho camarero tiene unas ganas de encarar noviembre que no ve, porque hace semanas que tiene pesadillas con niños sedientos, padres histéricos y adolescentes hormonados que aún no han acabado la ESO y porque él es el que realmente está frito. Muestro mi más absoluta solidaridad hacia el obrero del sector servicios porque yo también lo fui.
Nunca pensé que pudiera existir alguien natural de Pernanbuco. Lo digo en serio. Yo oía a las viejas decir "está en Pernanbuco" y pensaba que se lo habían inventado y que como sonaba tan bien, pues que lo repetían. Lo mismo me pasaba con Úbeda (irse por los cerros de...) y Pinto y Valdemoro (estar entre...) . Más tarde fui conociendo mundo y me di cuenta de que los lugares no sólo existen sino que además hay gente que nace en ellos y es maravillosa. Vaudí es un músico brasileño que nació en Pernanbuco. En las últimas fiestas de Santiago en Sama vino al Rincón Cubano de Les Filanderes a tocar con su grupo "Bossa Nossa". De paso, con su voz suave y su perenne sonrisa consiguió hacernos la noche del viernes festivo más melódica, menos triste. A mi me encanta Vaudí, y me encanta porque ni siquiera dejó de sonreir cuando me acerqué a él para decirle, previa ingesta de un par de mojitos: "Sí, sí, sí...los brasileiros bailáis y cantáis muy bien, pero no tenéis ni puñetera idea de jugar a fútbol".







Los principios de las cosas son importantísimos. Los finales felices tienen más "tronío" en la sociedad actual pero donde esté un buen comienzo que se quite el resto.
Sólo hay una cosa que se le podía reprobar a los inicios cuando te vas haciendo mayor. De adulto, pocas veces te dan la oportunidad de mostrar tu valía a los compañeros y jefes con un balón en los pies.
Las cosas serían distintas si en las entrevistas de trabajo estuvieran presentes Mejuto o Quini en vez de los psicólogos de turno (el gremio va a empezar a odiarme). Pero empezar algo, por baladí que sea, en la edad adulta es un poco más complicado personal, profesional y, cómo no, burocráticamente. ¡Mamina!. ¡La pila de papeles que tuve de paseo entre la oficina de la Seguridad Social, Hacienda y el Servicio de Empleo para conseguir entrar en el régimen laboral de los autónomos!. Como será la cosa que yo no tengo del todo claro si ya soy autónoma o si acabaré en la cárcel por desfalco antes de fin de año. Me empanaré de algo cuando abra la puerta y se me pongan delante dos agentes de la policía judicial para llevarme de frente a la cárcel. ¡Quién sabe!, lo mismo en el patio de la trena hay un balón.