28 de febrero de 2012

Ovación

Rodolfo odiaba su nombre tanto como odiaba a su madrina por habérselo puesto. Claro que a ella también la odiaba por otras cosas. La más importante, por haberse ido tan lejos, a Alemania. Allí se tuvo que marchar él con ella para buscarse la vida. "Te vas a casa de tu madrina, que tiene sitio", le dijo su madre. Tenía catorce años y mil pesetas. Se fue del pueblo en una furgoneta que recogió a otros tres chicos por el camino. El frío que sintió en aquel viaje no fue nada comparado con el que sufrió durante los siguientes siete inviernos. Aprendió, eso sí, un oficio. El idioma le costó. Entendía más que hablaba por eso se pedía siempre el turno de tarde, el de los andaluces, para tener con quién departir. Y ganó mucho dinero. Lo ahorró casi por completo y al cumplir los 21 decidió volver a España. Dijo que se apuntaba a servir en el ejército. Era mentira. Sólo quería volver. A secas.

Rodolfo hizo la mili, sí. Dos años y otros dos de voluntario. Llegó a sargento y, al igual que el día que decidió marchar de Alemania, una tarde se cuadró y pidió permiso para colgar el fusil. Ahora quería entrar en la mina. Nada más.

Al ser huérfano de minero lo tuvo fácil. Entró. Casi al mismo tiempo conoció a Blanca, la hija del boticario que le daba clases nocturnas para sacarse el graduado. Cuatro años de novios y una boda por todo lo alto rubricaron a la pareja que no tardó en tener descendencia. Primero nacieron los niños, dos. Se negó a ponerle a alguno Rodolfo. La tercera fue niña. Se llamó Isabel. Y de eso han pasado ya casi cuarenta años.

"¡Cuarenta años!". Dijo en voz alta Rodolfo mientras de fondo su yerno rumiaba algo de que "¡es un asco, cuando llamas a la empresa de telefónica siempre te coge el teléfono un sudaca! ¡Con el paro que hay en España!". "¿Qué dices de cuarenta años, papá?, le preguntó su hija. "Nada, que me estaba acordando de lo mal que se pasa cuando uno está fuera de casa, y no conoce a nadie, y no le sabe igual ni el pan, ni el agua, ni el arroz. Estaba pensando que es difícil no entender por qué tienes que vivir lejos de los tuyos y pensaba también que si encima tienes que aguantar al idiota de tu marido pues entonces apaga y vámonos".

Por la cara que puso, Rodolfo no contaba con llevarse la ovación que se llevó de medio restaurante cuando terminó la frase.

31 de enero de 2012

"No juguéis ahí"



"No juguéis ahí". Les repetía su tío Cundo cada vez que veía cómo se acercaban al final de la finca, justo al lado del pequeño precipicio desde donde se divisaba todo el valle. "No juguéis ahí, ¡venir para acá!". Y ellos creían que lo que temía el Cundo era que, entre la brutalidad de los mayores, Iván y Rodrigo, y la torpeza del pequeño Fernando, que venía de Madrid cada verano y ni siquiera sabía andar en madreñas, se armara alguna gorda y hubiera un accidente. Pero no.
Dos años después de la muerte del tío, Fernando lo entendió todo. Él, que ya había cumplido los cuarenta, y que además de aprender a andar en madreñas también se había convertido en todo un lúcido profesor de Ecología e Impacto Medio Ambiental de la Universidad Politécnica solo necesitó saltarse una vez la orden del hermano de su abuelo para entenderlo todo.
Había decidido hacer un pequeño merendero en aquel balcón natural que ofrecía una vista única. Lo iba a hacer con sus propias manos. Aprovechando la benevolencia de un invierno más suave y menos lluvioso de lo normal, Fernando subió en su coche los aperos y se puso manos a la obra en una tarde de domingo de finales de enero. Tan solo clavó una vez la pala en la tierra. Al retirar la herramienta se encontró la evidencia trágica y escuchó, en el fondo de su cabeza, las tres palabras del tío Cundo: "No juguéis ahí".
Cinco cuerpos. El equipo de voluntarios arqueólogos confirmó que, en aquel pequeño espacio de terreno que "daba al precipicio desde donde se divisaba todo el valle", había cinco cuerpos: "De cuatro hombres y una mujer". Así lo constató el juez tiempo después. Firmó el levantamiento de los cadáveres sin apenas mirar el informe de 1.200 hojas que habían preparado a conciencia y en el que contaban que los cuatro hombres eran Leocadio el ferroviario; los hermanos Mateo y Pedro; el joven Nicanor y la, única mujer, Eulalia, posiblemente la maestra más guapa de toda la comarca, y cuya única foto había estado presidiendo la habitación del tío Cundo hasta el día de su muerte.
(*Dedicado al juez Baltasar Garzón y a todos los que defienden la dignidad de los que fueron acallados con dos palmos de tierra)

2 de enero de 2012

Saltos

Mira por donde, el jersey de lana que su tía Carmina le había metido en el bolso a última hora, iba a servir para algo.
-¿Qué haces, tía? ¿Un jersey? Pero que voy a Australia, que allí ahora es verano, que no me va a hacer falta.
-Dice ella que verano, ¿pero vamos a ver, mi alma, cómo va a ser verano si estamos en enero? Tú cógelo, que para eso lo hice, y si no te vale, pues lo guardas para cuando vengas....Dice que verano...¡esta chavala está fatal!-había sentenciado la tía Carmina antes de darle un billete de cincuenta euros y pedirle que se cuidara mucho.
En casa no hubo grandes despedidas. Todos se habían prometido en la cena de Navidad que nada de escenas dramáticas. Ella se iba a trabajar a la otra esquina del mundo sí, pero no le quedaba otra. Además, con internet, se verían todos los días.
Ni su licenciatura superior en la Escuela de Minas ni sus ocho años de trabajo en una constructora le habían servido para labrarse un futuro estable hasta ese momento. Estaba harta de cobrar dos duros por currar lo suyo y lo de los demás. Así que cuando recibió el correo electrónico con la oferta de trabajo no se lo pensó mucho. "Empresa australiana precisa Ingeniero Superior de Minas para proyectos relacionados con la captación de aguas subterráneas". ¡Perfecto!. Su proyecto de fin de carrera la había hecho toda una experta -y enamorada- en la materia y su nivel de inglés era más que aceptable. El sueldo acabó por convencerla: 63.000 euros brutos al año durante seis años y dos viajes a España pagados por la empresa, uno en verano y otro en Navidad.
Y allí estaba, solo dos meses después de responder aquel correo electrónico, en un avión camino de Sidney.
-¿Eres Violeta Morales?
-Sí, sí, sí...-titubeó ella que se había quedado absorta mirando por la ventanilla.
-Vente para atrás con nosotros, llevamos dos horas calculando quién de todas las mujeres que van en turista sería Violeta Morales y por fin te encuentro. Ya pensábamos que no existías. Por cierto, me llamo Esteban, y no te asustes, no ha pasado nada, somos compañeros de trabajo. Yo y aquellos cafres del fondo que oyes gritar. Pero coge tus cosas y vente para acá que tienes mucho que oír. ¿Sabes cocinar? Esperamos que sí, eres la primera asturiana del grupo y la verdad, una fabada no vendrá mal de vez en cuando.
Esteban encadenaba un tema con otro y apenas la dejaba responder. Cuando se dio cuenta él ya llevaba su equipaje de mano hacia la cola del avión.
-¿Tendrás algo para taparte, no? Es que atrás hace un frío que pela.
Violeta abrió el bolso y con la mano derecha tocó el suave jersey de lana gorda de su tía Carmina.*
(*Para los que cruzáis charcos y sueños en busca de un futuro mejor)

30 de noviembre de 2011

Pese a todo...


Javier se ha cambiado de piso a uno más pequeño para adaptarse al nuevo presupuesto. Aún siendo diminuta, la casa es preciosa, sobretodo porque cada vez está más concurrida por Patricia, la chica que trabaja con su cuñada y a la que un día acompañó a casa porque había perdido el último bus. Antes de bajarse del coche le dio el mejor beso de su vida y ahí siguen desde entonces.

Después de licenciarse, Patricia empezó a trabajar de becaria en el estudio de una amiga de su tía. Tras el verano, le han pedido que se quede porque Fidela, "La Fide", como la llaman en la oficina, ha tenido una niña y necesita refuerzos. Ha trabajado mucho y no cobra tanto pero está encantada. La Fide ha cogido el permiso de maternidad y le ha dado una sola orden: "Más vale que no se sequen las plantas de la oficina". Y así, gracias a las malditas plantas, fue como empezó a hablar con Javier, el cuñado de La Fide. Ella se había quedado a regar y él "desparasitando" de virus los ordenadores del despacho. Iba a llamar a un taxi cuando él se ofreció a llevarla en coche. Después hubo un beso y hasta hoy. "Has puesto tanto empeño en cuidar estas plantas que te mereces ser la madrina de la niña", había sentenciado su jefa cuando llevó por primera vez a Julieta a la oficina.

La Fide había sido madre y, por fin, pudo volver a Uruguay después de 21 años. Fue con el "rubio" -que ya más que rubio peina canas- y en el viaje se había quedado embarazada, ¡con 46 años!. Eso no era nada. El "rubio" Norberto estrenó paternidad ¡con el medio siglo, casi, encima!. Tiene a Julieta y hace dos meses que le nombraron profesor titular en la Universidad. En Navidad publican su primer libro sobre economía.

Así que a pesar de todo. Pese a las primas de riesgo, a la caída de la bolsa, a las riñas políticas, a las hipotecas, al paro, a las crisis y a esa realidad que se empeña en azotarles, Javier, Patricia, La Fide, Norberto y también Julieta, no pueden dejar de pensar que el 2011 ha sido un gran año. ¡Feliz 2012!

3 de noviembre de 2011

Pregunta trampa (boomerang)


¿Eres feliz? ¿Qué necesitas para ser feliz? ¿Cuál fue el día más feliz de tu vida? ¿Me quieres?. Son algunas de las preguntas trascendentales que mi amiga le hace a su marido casi a diario. La primera clave para coger desapercibido al tío en cuestión, según me cuenta, es lanzar la pregunta al aire en el momento más inesperado. Y no, no vale en la cama, tiene que ser lo más inverosímil y surrealista que se te ocurra; y entre la multitud mucho mejor. Por ejemplo, en la cola del supermercado. Tú descargando las cosas del carrito, él mirando como lo haces mientras torpemente coloca en la caja cualquier objeto que, en la mayoría de los casos, acaba volcado. La cajera, que se ha quedado sin cambio, rebusca entre los euros para darle la vuelta al cliente que tienes justo delante. En ese momento, te giras y le sueltas, en voz baja, que tampoco hace falta alardear: "Churri, ¿eres feliz?. Como la cosa le pilla de improvisto su respuesta suele ser: "¿Quéeeee?" (alargando la "e"). Y aquí llega la segunda clave. No se puede repetir la pregunta. Te quedas mirándole fijamente y le dices con seriedad: "Piénsalo y si eso, ya me lo vas diciendo". ¡Qué risa!
Bueno, risa, risa, la verdad, las primeras siete u ocho veces -doce o trece según la capacidad de adaptación del ínclito a las preguntas trampa- porque una vez que él se acostumbra el jueguito se convierte en un "tocanarices-boomerang". Da igual que el conocimiento y la confianza mutua de la pareja sea más o menos. El zas en toda la boca de vuelta no te lo quita nadie. Y tienes que disimular como cuando en la oficina te das contra la esquina de la mesa y ya te pueden caer lagrimones que no sueltas un "ay" por no darles carroña a los carroñeros. Pues así. A mi amiga le pasó con la pregunta trascendental número nueve: "¿Cuál fue el día más feliz de tu vida?" le soltó mientras esperaban a que la directora del colegio de su hijo colgara el teléfono para atenderles: "Cuando me regalaste la moto nueva". Y ahí fue cuando se dio cuenta que lo mejor era parar.

28 de septiembre de 2011

Te lo digo en "serie"


Hay gente que se dedica a subtitular los capítulos de las series de televisión americanas o inglesas para que otra gente lo pueda disfrutar en castellano tan solo unas horas después de su estreno (En EEUU o en Inglaterra). Este hecho me tiene fascinada, hasta el punto de que mis amigos ya me miran raro cuando empiezo una conversación diciendo: “¿No es flipante lo de la gente que subtitula?”. Los “subtituladores” de series lo hacen de forma altruista anónima y eso, a qué negarlo, en pleno siglo XXI es muy raro. Pero claro, en este país los programadores de televisión nos empujan a seguir las series por internet ya que intentar hacerlo por los cauces normales (las cadenas de tv) es en España tan difícil como cogerle cariño a Yahel, el niño peliteñido del Cola Cao. De ahí a que las plataformas para ver o descargar los seriales, vía internet, sean imprescindibles y la única vía de ver televisión para los amantes de los seriales solo hay un paso.
La red de redes, y sobretodo sus usuarios, desmuestran todos los días que los políticos ( y sus leyes) y los responsables televisivos ( y su programación) van tan a su bola que o son unos atrasados o se creen que la ciudadanía para la que trabajan es tonta. No descartéis ninguna de las dos opciones. El tema es que, o se espabilan, o acabarán muriendo en su propio fango de cambios de horario y despropósitos. Después se quejarán, pero que no sea porque no los avisamos.
Las series nos gustan. No más que las películas, sino de forma distinta. Las series nos gustan porque son un ejercicio de fidelidad a unos personajes, a una trama y, a veces, incluso también a una manera de entender la vida. En Estados Unidos hace tiempo que se dieron cuenta que el filón de los seriales es de oro macizo y puro y por eso respetan este arte televisivo hasta el punto de que los mejores directores, productores y actores han sucumbido a los encantos de la pequeña pantalla. Los norteamericanos, tan "rarinos" para algunas cosas de su vida cotidiana, nos han conquistado con la "ficción televisiva". Nos han enseñado, edulcorado, descrito, sacralizado, maldecido, cantado y dibujado su sistema sanitario, su sistema judicial, su sistema educativo, su orden familiar y hasta puede que se hayan pasado de fantásticos porque yo fui a EEUU y no vi ningún vampiro. Todo así, la maestría con la que cuentan la mayoría de las historias hace que conozcamos más de sus modos de vida que de el nuestro propio. Claro que los responsables de la mayoría de series españolas tampoco es que se hayan matado para que elijamos el producto patrio frente al anglosajón. Ahí de momento nos tienen la partida ganada. Y seguirá siendo así, sobretodo mientras sigan existiendo "subtituladores altruistas" que gastan su tiempo y su conocimiento de idiomas para que los demás disfrutemos. Si ellos no se merecen el Premio Príncipe de Asturias de lCooperación Internacional es que no se lo merece nadie (bueno, sí, tal vez los del Colacao se lo merezcan. Han puesto a todo el mundo de acuerdo para odiar a un niño).

31 de agosto de 2011

Manifiesto VRY


Somos personas normales y corrientes. Somos gente que se levanta por las mañanas en julio y agosto y pretende, ¡bah!, ver el sol por eso de que es verano.
A unos nos gusta la playa, a otros la montaña, a otros nada. Mire si seremos raros que algunos buscamos el sol en unas máquinas que te dejan medio ciego y un naranja de tono corporal que no es medio normal. No tenemos ideologías bien definidas, incluso los hay que ni les va ni les "nieve" y, más le digo, incluso los hay que dicen preferir que haga frío todo el año (los respetamos, no les hablamos y les hacemos el vacío social, pero los respetamos). Hemos de confesar que últimamente estamos preocupados por el panorama estival que vemos a nuestro alrededor. Por la corrupción del sol y el calor. Por la indefensión del ciudadano de a pie, sobretodo norteño, que sale un día en chanclas y pantalones cortos y vuelve a casa muerto de frío y tiritando.
Esta situación nos hace daño a todos diariamente, se han cogido más resfriados este verano que en todos los veranos de los ochenta (aunque en aquella época se sufría por otras cosas, tipo hombreras). Es hora de ponerse en movimiento, hora de construir entre todos un verano mejor, más solidario. Por ello sostenemos firmemente lo siguiente:

->Las prioridades de toda sociedad avanzada han de ser la igualdad de horas de luz, el libre acceso a la hamaca, el bienestar y la felicidad de las personas que viene derivado de la posibilidad de hacer parrillas al aire libre.
->Existen unos derechos básicos estivales que deberían estar cubiertos: derecho a ir a la playa, al río, a la montaña, a una terraza, a las fiestas de práu, a caminar por la calle y derecho al consumo los bienes necesarios para una vida veraniega: Mojitos, chanclas, bañadores, flotadores (de los de plástico y de los de michelín),
->El actual funcionamiento de nuestro verano no atiende a la necesidad de muchos jóvenes de tener un "refresco y/o churri de verano". El número de morreos en maizales y demás tocamientos ha descendido a cifras sólo comparables con la época precolombina.
->El verano parte del pueblo (ver=mirar; ano=culo) así que el verano debe ser del pueblo. Sin embargo, en este país la mayor parte del verano es utilizado únicamente por los que viven más abajo de Pajares, también conocidos como "subpajarianos" y eso no puede ser. La función del verano sería facilitar la participación ciudadana de los ciudadanos de TODO EL ESTADO ESPAÑOL en festejos al aire libre diurnos y nocturnos mediante mensajes directos como por ejemplo...¡qué se yo!, ¡ah, sí!, que haga sol y/o qué no llueva, y procurando el mayor beneficio para el grueso de la sociedad (que no es una persona entrada en carnes sino muchas de todo tipo)
->El ansia y acumulación de lluvias en unas zonas genera crispación e incluso violencia: Más de uno ha decidido tirar por la ventana las sombrillas, neveras, sandalias y hamacas con el consiguiente peligro para el peatón. El obsoleto y antinatural modelo estival vigente bloquea la maquinaria económica en una espiral que se consume a sí misma enriqueciendo a unos pocos (los chinos que se han hartado de vender "palaguas" a cinco euros y "chubasquelos" a uno) y sumiendo en la mala leche al resto. Hasta el colapso.

El colectivo Verano Real Ya (VRY) ha iniciado su andadura en las últimas semanas y ya se ha hermanado con otras plataformas: MFUV11 (Me falta un verano, el de 2011), VNESP (el Verano No Existe Son los Padres).

29 de junio de 2011

Si yo fuera


Tres de cada cuatro veces que voy a coger el ascensor me lo quita el vecino de abajo.
Si yo fuera Zapatero diría: "No pasa nada. Hay que ser optimistas. Hay que confiar en que el ascensor volverá a subir algún día. Además, no podemos olvidar que se puede estar peor, mira a los del portal de al lado, que llevan con el ascensor estropeado desde hace más de un año y no hay manera de que entre todos se aclaren con la derrama".
Si fuera Rajoy diría: "Esto es claramente una conjuración del vecino de abajo contra la democracia ascensoril. Como no se ponga freno pronto a la situación va a montarse un berenjenal de padre y muy señor mío. Exigimos de inmediato la dimisión del presidente de la Comunidad que no ha sabido acabar con este uso abusivo de los bienes comunes por parte de la vecina de abajo".
Si yo fuera Cayo Lara diría: "Si la ley del portal fuera justa y equitativa todos podríamos hacer un uso cívico del ascensor. El vecino de abajo, causante único e indiscutible de la crisis, debería sufrir las consecuencias más funestas ya que él y solo él, con la connivencia del presidente de la comunidad, es el responsable directo de la situación que, como siempre, pagan los más débiles, osease los del ático".
Si yo fuera Cascos diría: "En palabras de Jovellanos . Propongo un pacto a ocho bandas, tantas como puertas tiene nuestro edificio patrio, para crear una fundación que regule el uso futuro del ascensor. Eso sí, Pilar y Lorenzo, los del Primero, tienen que renunciar de antemano al uso del susodicho ascensor".
Pero yo, como soy una indignada, lo que he hecho es acampar en el ascensor. Así ya nadie me lo puede quitar.

31 de mayo de 2011

Indignados somos todos

Roberto. licenciado en periodismo. 28 años. Con conocimientos de inglés y francés. Hace dos años que hizo un máster de periodismo económico. Fue entonces cuando lo vio venir y sacó también el carnet de manipulador de alimentos. Trabaja de ayudante de cocina. Está sin contratar. Curra 14 horas al día y cobra 900 euros. Vive con su novia Inés.
Inés. Licenciada en derecho. 31 años. Número dos de su promoción en la Universidad de Oviedo. Su pasantía de dos años se han convertido en una "exclavitud" de siete. Tiene contrato eventual. Como "limpiadora" del despacho de sus jefes que hace cinco años que le prometen la categoría que le corresponde. Cobra 750 euros y, si el mes va bien, su jefa le da otros 150 que ella siempre ingresa en la cuenta de su hermano David.
David. Mecánico. 34 años. Hace cinco años que abrió un taller. Gastó varios miles de euros que ahora tiene que devolver al banco. La cosa va bien pero "muy poco a poco". Paga dos sueldos y, como no da para más, come todos los días en casa de su hermana, junto a su novio, Toni.
Toni. Ingeniero Industrial. 33 años. Está en el paro. Trabaja de voluntario en una asociación de ayuda a enfermos de Alzheimer. No cobra nada. Por ahora no le importa, su madre le da, para que vaya tirando, la pensión de 450 euros de su abuela Hortensia.
Hortensia. 82 años. Vive seis meses en casa de cada una de sus dos hijas. Está bien aunque la cadera ya le ha dado más de un susto. Toni es su ojito derecho. Fue ella la que le dijo a Carmen que le diera al chaval el dinero de la pensión. Rezó mucho cuando él les confesó que era "homosexual". Ahora ya le da igual. Quiere que sea feliz y que encuentre un trabajo estable, para hacer una familia junto a David y que tengan una casa guapa para que él la cuide. A Hortensia, que siempre fue de las que sufrió por el qué dirán, tampoco le molesta que su nieto haya acampado frente al Ayuntamiento -junto a la cafetería donde van todas sus amigas- para exigir un futuro mejor. Mañana irá a llevarle un túper de croquetas. Ella también quiere gritar que está indignada.

7 de mayo de 2011

Promesas

Llegado el periodo electoral, como cada cuatro años, no queda otra que salir a la calle a palpar las necesidades del pueblo para, desde esta humilde columna, hacérselas llegar a los políticos que a veces, de verdad, parece que no se enteran. Después de unos días recabando información por familia y vecindario. Dejando de lado aquello que puede esperar al menos un par de meses más, aquí expongo tres propuestas por si algún líder o lideresa tiene a bien incluirlas en sus promesas. Deben saber los susodichos mandatarios que, de hacer propias estas ideas que les cedo gratuítamente, ganarían al menos tres votos, que no está mal (yo en Octavo perdí las elecciones a Delegada por dos papeletas y fue una derrota humillante).

Mi vecino Justiniano -al que sus nietas llaman “Güelito Bieber”- vecino de Sama aunque con huerta en El Entrego pone sobre la mesa la idea de hacer una división equitativa de los fondos mineros de modo que a todos los ciudadanos de la Cuenca del Nalón “nos toque algo”. Parte del dinero se utilizaría para beneficio propio -“viajar a Ledesma, comprar un gallineru, tomar unes pintes”- y el resto debería destinarse a una obra para la comunidad: “Yo, por ejemplo, cambiaría los somieres del cierre de la huertina, que ta al lao del Museo de la Minería y estéticamente, de cara al turismo, nun ye lo meyor que ya me lo dijeron les mis nietes, que tan estudiando diseño”.

Mi primo Bruce (nombre ficticio) pide a lo políticos a que “pa alegra-y la vida a la xente” dejen, todo el año, las luces de Navidad en las calles y plazas de la comarca. Bruce asegura que el hecho de que él sea el dueño de la única empresa en 200 kilómetros a la redonda con capacidad para instalar y mantener esas luces de Navidad no tiene nada que ver con su propuesta, que es totalmente altruista.

Finalmente, Ana María, florista y amante de los perros, considera que en el “paseo del colesterol” debería haber “carril bici, carril peatonal, y carril canino” y explica que: “Bin Laden ya no está y a veces parece que el enemigu públicu número uno de Occidente ye el mi Trisky. Tengo que llevalu con correa y bozal como si tuviera en Guantánamo. No puede ser ¡Libertad!”.

Señores candidatos. Ustedes verán lo que hacen.

30 de marzo de 2011

Vamos a publicidad

Señores del Cola Cao, si quieren que odiemos a alguien, pongan a Gadafi a surfear, pero, por favor, no hagan que un niño rubio e inocente (canario para más señas) sea el blanco de los insultos de media España. Eso está mal.Hubo un tiempo en que la publicidad no sólo te enseñaba odio, también te mostraba grandes lecciones de la vida, como que "las cucarachas, nacen, se reproducen, mueren y desaparecen". Siempre estaré agradecido a aquel insecticida gracias al cual aprobé un exámen final y supercrucial en mi vida, de 4º de EGB.

Los anuncios de la tele también me ayudaron a recibir más de una lección de esas que dan las madres y que te dejan un escozor en la nuca para media tarde -popularmente denominadas collejas y/o pescozones-. Sobretodo cuando me dio por ir a kárate todas las tardes y todas las mañanas andaba por casa con la misma cantinela: "¿Y mi kimono? ¡Kia!". Yo soltaba una patada al aire y mi madre hacía lo propio con el antebrazo y mi nuca. Yo tenía cinturón amarillo y ella, sin saberlo, negro segundo dan. Duré seis meses en kárate. Al que no le hacían falta artes marciales era al "primo de Zumosol". Todos los grandullones de España tuvieron que aguantar la broma por culpa de unos señores que vendían algo que posiblemente fuera zumo de naranja pero que valía más no analizarlo por si acaso. Cuando había dudas sobre cualquier cosa del mundo (ya fuera la guerra de Irak -la primera-, el zumo de naranja o un gol fantasma del Logroñés) siempre aparecía una voz en el fondo de la habitación que decía "el algodón no engaña" . El asunto quedaba zanjado.

E irremediablemente llegaba el día en que tus amigas, en un arranque de originalidad sin límites, te llamaban por teléfono allá donde tu estuvieres para cantarte, al unísono: "¡Vuelve, a casa, vuelve, vuelve a tu hogar!". Que te apetecía quedarte y no volver pero después pensabas en el movimiento de muñeca al aire de tu madre y te amilanabas y volvías. El Almedro hizo mucho daño a las navidades de los jóvenes que estudiaban fuera, pero también la colonia Farala marcó a las chicas nuevas de la oficina y el tomate frito Apis destrozó, para siempre, la lengua castellana con sus "comidas guapis". Tal vez el niño-canario-surfero, al que sigo sin entenderle el nombre, sea ya para siempre el niño-canario-surfero-repelente del anuncio del Cola Cao. Pobre. Seguro que tiene que cambiar de colegio y todo. Bueno, él que busque, compare, y si encuentra algo mejor...

28 de febrero de 2011

Programación

El 24 de febrero de 2011 ha pasado a la historia de mi ático como el día en que conseguí finalizar la ronda por todos los canales de la TDT que había empezado a hacer en junio del año anterior. Siempre me quedaba frita entre las recetas de un tipo que cocina con estres en 22 minutos y unos señores que pescan cangrejos, peligrosamente, en Alaska. Pero esta vez no. Eso sí, cuando conseguí dar la vuelta a toda la programación, me encontré a Carlitos -el de “Cuentame”- haciendo la mili y a su hermana Inés de politoxicomana de la vida. Flipé.

La TDT ha llegado a nuestras vidas para aportarnos cosas muy interesantes como la posibilidad de ver, en siete canales distintos, a los forenses, médicos, abogados, policías, vampiros, zombies, familias desestructuradas (y amarillas); y jovenzuelos cantarines que tanto te gustan. La pega está en que nunca encontrarás un capítulo nuevo. Porque en España, queridos amigos, hay tres cosas que son imposibles de hacer: encontrar un trabajo decente y en el que no te intenten tangar; encontrar una compañía de teléfono decente y en la que no te intenten tangar y encontrar un canal de televisón en el que respeten la programación y no te intenten tangar con reposiciones.

¿Comparable? Pues muchos diréis que no, pero es lo que hay. Claro que si te pones a pensar, casi prefiero ver dos mil cuatrocientas cincuenta y cuatro veces el mismo capítulo de los Simpsons que ciertos programas en los que, apelando al interés general, se dedican a humillar, vilipendiar, agredir e insultar a quien se les ponga a tiro con una ausencia total y absoluta de escrúpulos y ética. Lo peor es que a eso le llaman “periodismo” y después tenemos que salir otros a la calle a echarnos a la espalda una profesión que, si me apuras, a veces da vergüenza.

6 de febrero de 2011

LO(ndon)OK



Fotos de Juan Plaza (juanplaza.blogspot.com)
Música de Belle and Sebastian

28 de enero de 2011

Sube y baja


Comprobado. Si dices tres veces el nombre de la ministra Sinde delante de un espejo, a medianoche, te entra un virus en el ordenador que no vuelves bajar ni a por el pan. Que digo yo, ya puestos a prohibir bajar cosas, estos del gobierno bien podían prohibir que bajara el Sporting nunca en la vida. Un decretazo y del Molinón a la Europa League (cuanto más me gustaba decir "Uefa"). Como poco. Pero no, eso ni se lo plantean. Ellos a lo suyo, a ponerle vallas a un campo virtual que les viene demasiado grande y que, mucho me temo, ni siquiera entienden.
Bajar y subir. Quién nos iba a decir nosotros en los felices años 2000, cuando (según parece) vivíamos tan bien que los euros se nos caían de los bolsillos, que esta época de crisis se iba a resumir en dos míseros verbos. Baja el empleo, sube el paro, se baja la música, se suben los impuestos, bajan las ventas, sube la edad de jubilación.
¡La jubilación! Esa gran entelequia de la que los treinteañeros de ahora hablaremos, en un futuro, a nuestros nietos. "Pues cuando yo era como vosotros había gente que llegaba a una edad y no trabajaba nunca más. Se iba al paseo del colesterol a andar de un lado para otro o se compraba un piso en Gijón para no hacer nada", les diremos con la mirada perdida en lontananza y los ojillos medio cerrados. A lo que ellos responderán: "¡Kitate pallá bieja, k aburres con tu historia antigua!". Y tú volverás a la carga porque ya tendrás una edad que te la sopla lo que digan los demás: "Y que sepas que cuando yo era como vosotros a los mayores les tratábamos de tú".

29 de diciembre de 2010

Cambios


"-En Reyes quiero un telescopio grande para ver qué pasó con Plutón". Tras la rotunda sentencia, la niña me miró con esos ojos de misterio que sólo los críos saben poner y yo, a qué negarlo, me acojoné. Tiré de Google para ver si realmente había pasado algo con Plutón y lo que encontré me desasosegó aún más. Resulta que esta entelequia, que recitábamos al final de la lista de planetas -"Mercurio, Venus, Tierra, Marte, Júpiter, Santurno, Urano, Neptuno y Plutón", ya no está considerada como tal y ha desaparecido de las cantinelas escolares. Es como si, de repente, España ya no limitara "al norte con los Pirineos que hacen frontera con Francia". ¡Esta crisis está acabando con todo!, que diría un pesimista (llámalo pesimista, llámalo líder de la oposición). El universo ha cambiado tanto que los que hicimos la EGB estamos casi al mismo nivel que los que estudiaron en la Academia de Atenas junto a Platón. Somos unos desfasados. Claro que lo más moderno que veíamos en nuestros libros de texto era la Alemania unificada y ya flipábamos. Ahora ni siquiera tienen libros de texto y encima ni se acuerdan de los duros que costaba un "flash". "¿Cinco duros? ¿Eso cuánto es?", me dice un osado quinceañero el otro día.
Además del dinero y los libros, también han cambiado la tabla periódica y la ortografía del castellano. A las letras "ll" y "ch" les ha pasado como a Plutón, se han ido al limbo de los recuerdos infantiles y allí se quedarán para siempre. Lo de los cambios en la tabla periódica tiene que ver con modificaciones en el peso atómico de diez elementos. Si soy sincera esto me preocupa menos porque lo del peso atómico ni siquiera lo entendí en su día (creo que copié). En fin, que no quiero revolver mucho el tema de la mutación que ha sufrido la sociedad, la ciencia e incluso la gramática, por miedo a que cualquier día nos den la vuelta a sacar el bachiller. Aunque lo mismo mandaba a algún político (llámalo político llámalo presidente del gobierno) a repasar matemáticas para ver si, por fin, los cambios empiezan a ser para mejor. ¡Feliz (y equilibrado) 2011!

David Villa, fin de año again


Una vez más en La Cuenca del Nalón despedimos el año con David Villa. Todo un crack al que sólo le tenemos palabras de agradecimiento por la paciencia y el cariño que siempre nos ha demostrado. Aquí el director (Fidel Fernandez San Miguel ) y servidora después de la sesión fotográfica y justo antes de la -mini-entrevista que podréis disfrutar en el próximo número del periódico. Y hasta aquí me dejan leer.

26 de diciembre de 2010

Feliz (y equilibrado) 2011


Amigos, compañeros, conocidos, familiares y demás entes humanoides cercanos a mi existencia: Ya sólo quedan unos días para finiquitar el 2010. Ha costado más de lo que nos imaginábamos pero hemos podido con él. Así que ya que estamos, vamos a encarar con fuerza el 2011. Con el cuento, ya le vamos cogiendo el tranquillo a esto de las vacas flacas. A poco que le echemos humor al asunto seguro que un día de estos vuelven a engordar. Salud, risas y abrazos.

1 de diciembre de 2010

Jose el del Eloy

A Jose le gustaba sacar la sidra al sol por las mañanas para que estuviera en su mejor punto cuando se tuviera que servir a los parroquianos que no perdonaban un vermú. ¡Cuántas tardes de domingo y noches de verano nos pasamos en el Eloy! (Más otros episodios íntimos que ya os contaré otro día). En 2005 se cerró el Eloy, hoy nos despedimos del alma de esa sidrería de siempre, Jose. ¡Adios chigreru!

(Gracias a María Álvarez que me dotó de información, ya ella sabe)

29 de noviembre de 2010

Viejuna

"¡Míralas, míralas qué minifaldas llevan puestas!. ¿No tendrán frío?". La frase aún no ha salido de tu boca y ya sientes como, si de repente, te volvieras un poco más viejuna y se te cayeran veinte años encima. A estas alturas del año ocurre a menudo. Piensas: "Uno de diciembre ya, madre mía, se me pasó el año volando. Ya están aquí las Navidades" o "¡Madre mía son las seis de la tarde y ya es de noche de todo!" o "¿Qué quieres qué aparato para Reyes? ¡Madre mía es que ya no saben qué inventar!" y, de repente, el incesante y basto universo se te echa encima en forma de arrugas, de canas o de bajones morales. Tendemos a creer que la solución pas por llamar a unos amigos y disfrutar de la noche, que sigue siendo joven. Desde aquí os lo digo. El remedio es peor que la enfermedad porque el grado de peligrosidad e incidencia de la resaca en tu cuerpo ha llegado, en estos momentos de tu vida, a un punto de no retorno que te lleva a otra frase viejuna: "¡Pero si yo antes aguantaba....!"
Total, que a ti te da igual porque, ¡qué narices!, si hasta los expertos dicen que ahora los treinta son los nuevos veinte y entonces es viernes y sales y cenas con sidra, y te tomas un chupito, dos cervezas y, como al final siempre se tercia también te tomas una copa, una. Y es después de todo ello cuando llega la prueba irrefutable de que eres una viejuna porque no recuperas hasta el martes y siempre con la inestimable colaboración del ibuprofeno.
Con todo lo peor no son las consecuencias físicas. Lo peor es cuando, el lunes por la tarde, empiezas a recordar vagamente qué ocurrió a partir de las cuatro de la mañana del viernes anterior y te das cuenta la chapa que le diste a un grupo de jovenzuelas que bailaban despreocupadas y a las que, desde la otra esquina de bar, les gritaste: "¡Tapaos los riñones, que vais a coger enfriamiento!".