




(Vista del parque de Ciañu)
Ha nevado. ¡Los esquiadores de España están de enhorabuena!. Yo que no soy esquiadora –bueno hoy lo fuí por unos minutos mientras intentaba bajar el Parque de San Francisco– me alegro por la nevada a ratos. Cuando estoy en casa, arropada por la manta azul del Economato de Hunosa, me alegro. Cuando amago con resbalar en lo alto del citado parque para acabar en Lugones, pues ya no me presta tanto que queréis que sus diga. Arropados como vamos por la calle para cubrirnos de estos fríos polares que nos acechan parecemos todos «jarraichus». A mí, cuando me veo de refilón en un escaparate, hasta me entren ganes de quemar un cajero, aunque solo sea para calentar las manos. El mini-invierno que padecemos se acaba de aquí al domingo. Confiaba en pirar un día de trabajo, en plan llamar al jefe y decir: «Meca, como vivo en un pueblín, estoy encerrada por la nieve, y no tenemos quitanieves y tengo que encender la cocina de carbón y ponerme a picar leña y cazar algún animal para subsistir». Entre que yo siempre fuí muy de fomentar los mitos de la cuenca minera –esos que dicen que tamos sin cepillar del todo– y que ahora laboro en la capital del regino astur donde todo huele a pulcritud y alevosía igual colaba y todo. Pero Renfe insiste en que todos los trenes circulen bien y lleguen a tiempo. Va tener razón un paisano del que me hice colega hoy en el tren: «La culpa ye toda del capitalismu».
La Guardia Civil se me ha manifestado, que suena a rollo aparición mariana: «Yo estaba allí y de repente ví una luz amarilla muy fuerte, me acerqué a la susodicha luz y ella me habló y me dijo "los papeles del coche"». Claro que, si lo pienso mejor, que se me manifieste la Benemérita suena más a tema aparición marciana: «Yo estaba allí y de repente vi a un humanoide verde, me acerqué al susodicho y él me hablo y me dijo "los papeles del coche". A mi una vez me pararon «ellos». Había tomado unos culetes (de sidra), me dirigía a casa y llevaba una «L» en la parte trasera del vehículo como un templo de grande. «Esto es un control de alcoholemia, señora», me dice el humanoide. «Señorita, si no le importa», le respondí yo para comprobar si lograba ganarme al picoleto en cuestión. «Ha bebido usted algo, señorita», inquirió el apuesto agente sin el menor rictus de haberse dado por aludido con mi cortejo. «Vamos a llevarnos bien», pensé para mis adentros y en voz alta dije: «Por supuesto que no, señor agente». «Señorito, si no le importa», me respondió sonriendo, el muy truhán. No me hizo «de soplar» y aunque pretendió continuar la conversación yo me marché. Una además de tener sus encantos a flor de piel –tal y como quedó más que demostrado– también tiene unos padres rojeras que nunca me habrían permitido llegar a casa con un buenemérito. Un fotógrafo todavía, pero un guardia civil, por mucho que se manifiesta puño en alto, ni de coña.

En la fiesta de Nochevieja a la que fui había un hombre que se parecía a José Montilla. Lo mejor es que su mujer era clavada a Rosa Montero y entre los dos se marcaban unos «rocanroles» de escuela de baile que para mí los quisiera yo. La Montero le pedía a su marido que la subiera en brazos y le diera vueltas a lo John Travolta, pero el pseudo presidente de la Generalitat no podía y eso nos ponía un poco nerviosos a todos. Cuando nos dimos cuenta, la pseudo dama de la literatura española estaba tirada en suelo. Ver a un mito de la escritura femenina de España azotada y descojonada me hundió. Pero por ello no dejé de bailar. Llevé la procesión en mis adentros. La música del festín le dió a todos los palos: salsa, Tina Turner, pasodobles, los ya mencionados «rocanroles» y un largo etcétera que culminó, como no podía ser de otra manera, con El Chalaneru. Canción que, por otra parte, me hizo recordar los buenos momentos que viví en mi época «subpajariana». No bebí ni una gota de alcohol, porque me tocó ser ficha verde y conducir. Ahora, le día al agua que no veas. Rellené tantas veces el pseudo cubata que si hubiera sido vozka, a estas horas tendríais que llamarme Olga.
Todo lo que se hace, se piensa, se dice, se comenta y se rumorea durante las fiestas navideñas puede considerarse una aportación fundamental a la paz y la armonía mundial. Así me lo enseña, cada mañana, la Cadena Ser. (Y eso que Carles Francino está de vacaciones). Aquí va mi pequeña pero grande, mi sincera pero irónica, mi –finalmente– paradójica felicitación de Navidad. Desde las frías tierras del norte, cordiales saludos.
Escuchas la radio. Las elecciones de un país que huele a petróleo son más importantes que medio mundo que se muere de hambre. Un ruso mata a otro con un veneno que tiene nombre de polaco mal dicho. Después viene un tercero que fue presidente de éste al que a veces llamo mi país y suelta por esa boca con pelos que tiene, algún improperio que sin aludirme a mí me afecta porque me ofende -que estoy últimamente muy intratable-. Llueve donde el agua hace daño. El sol alumbra donde no se le necesita. Y las elecciones a la vuelta de la esquina. Hace frío. Pero no demasiado "para ser diciembre". Un telediario abre con la noticia de que los esquiadores no podrán iniciar la temporada en el Puente de la Constitución. Preguntas que me hago a mi misma cuando veo que la información sobre esquí llena las páginas, las imágenes y los sonidos de los medios de comunicación españoles: ¿Pero cuánta gente esquía en este país? ¿Cuarenta millones?. ¿Soy la única a la que no le interesa la cota de nieve en Pirineos porque no fue a Pirineos en su vida y porque no tengo pensado ir -a esquiar- en los próximos veinte años?. ¿El telediario lo edita Blanca Fernández Ochoa?.
Ya toy en casa y porque ye tarde que si no me acercaba a un chigre pa escuchar algún cagamento. La modernez de estos siete días ha estado bien pero cuando te das cuenta de que el único hilo que te une con tus semejantes es que has compartido cuatro horas en las butacas del Jovellanos para ver una película "alternativilla" es el momento de volver volver a la España cañí, esa de todos los días. El miércoles vimos "Offside" -una peli iraní-, después cenamos porque no sólo de arte se alimenta este cuerpo serrano que tengo, y salimos a dar una vueltuca. Nada, no pasamos de la escalera diez para allá. Ni siquiera aprovechamos la gentileza de nuestros "hospedadores" gijoneses para pillarnos una tranca de ron curiosa dado que no teníamos que coger el coche para regresar a la cuenca. No sé si es que nos estamos haciendo mayores o que dentro de la modernez está mal visto el rollu borrachuciu, el casu ye que una cervezuca y pa la cama. El jueves vimos una peli checa -el ciclo se llamaba nuevos cines y yo de guay pensé que eren películas de ahora, qué va, la que vimos debía ser de los cuarenta "u más"- y una alemana "Longing". ¡Mamina!, sin comentarios. Lo mejor de la jornada el corto "Pomiedzy", una producción checo-hispana hecha por un chaval de Pola de Siero. ¡Ye pa descojonase o no!.
La quinta jornada festivalera comenzó tarde. Los estragos de la Terremoto de Alcorcón y el dopaje al que me estoy sometiendo para evitar el dolor de muelas hicieron que la mañana fuera completamente mórfica (de Morfeo). Cuando me levanté visité a madre para comentarle las idas y venidas a Gijón. Después me encontré a varios trabajadores de Duro Felguera (véase entrada anterior) que me invitaron a un par de culetes de sidra en El Alba. Comí macarrones (porque a pesar de estar en plan alternativo el menú de este bajocubierta continúa siendo tradicional). Y marchamos para Gijón, media hora buscando aparcamiento y dos exposiciones de fotos (Larry Clark y Abelardo Morell, ambos fotógrafos me sustrajeron de mi ser y olvidé mi dolor de morales). Después la película del día: La línea recta. Única cinta española de la sección oficial que entra en competición. ¡Mamina de mi vida!, que hora y media más absurda e incómoda (los asientos del Jovellanos también me hacen olvidar el dolor de muelas gracias al dolor de riñones). El director de la película, que creo que se apellida Orbe, hizo algo que debe tener sentido para él. Y mucho oyes, yo no digo que la historia a él en su mismidad no le revuelva las entrañas, pero lo que es a mí, me dejó como si tal cosa....
La tercera jornada del festival comenzó, para una servidora, con la proyección del documental Resistencia, de la directora Lucinda Torre. La película habla de la lucha de los trabajadores de Duro Felguera para conservar sus puestos de trabajo. Menos mal que soy de la Carretera de Les Cubes y sé a lo que me ataño cuando trato con gente de la cuenca. A mi el documental me gustó, pero a un sector de los trabajadores no, así que tuvimos unes conversaciones (llámalo conversaciones llámalo discusiones) bastante interesantes a la puerta del Teatro Jovellanos. Por cierto, había tanta gente de Langreo que bien podíen haber proyectao el "flim" en La Felguera, así ahorrábamos gasolina. Claro que lo mismo en La Felguera las "conversaciones" acaben en hosties. Porque nosotros pallá de Villa ponemonos medio serios para no ir por la ciudad fomentando los mitos de la idiosincrasia de los mineros. Lo de hacenos los educaos no sale bien siempre. A mí, mi madre, cuando era guaja e íbamos a Gijón a comprar unos zapatucos en Chiqui, siempre me decía: "Aitanina nun grites fía, que nun tamos en La Barraca".
Vamos que nos vamos para Gijón. Nuestro objetivo principal son las películas del Festival Internacional de Cine de Idem, pero, ¡ojo!, tampoco menospreciamos la idea de tomanos un culetín en algún chigre y unes gambines en el Faro Piles. Modernillos sí, pero tontos no. Que quede claro. Ya sus iré contando cómo nos van las cosas durante estos días por la ciudad con más gafas de pasta y jerseis de rayas o lunares de este lado de la Cordillera. Voy pallá con los ojos y la mente abierta a nuevas y deslumbrantes ideas cinematográficas, musicales y artísticas. ¡A ver cómo vuelvo!.
Cuando era pequeña y jugaba a «V» tenía tendencia a elegir ser Mike Donovan, el jefe de la resistencia. Esa inclinación mía por ser el machote del percal no estaba reñida con las simpatías intrínsecas del resto del grupo que divertía sus tardes veraniegas en El Redondal. Mi primo Juanma siempre quería ser «Dayana», la mala, y a Mariquina le imponíamos el rol de Elizabeth, la nena «lagartumana» (suena a lagarterana, me gusta).

Soy de la opinión de que las raíces cuadradas no sirven para nada y considero que un individuo que conozca más de diez decimales del número pi es, cuanto menos, un poco raro. Pero hoy he estado hablando con Alberto Coto (algunos los recordáreis por sus apariciones en programas como ¿Qué Apostamos? o Crónicas Marcianas donde sumaba números a toda velocidad y hacía algo así como apisisisisisisisi nueve apsisisisis siete appisisisisi ocho) y me reconcilié, un poquitín, con las matemáticas -además de confirmar por medio de una regla algorítmica de nosequé, que servidora nació un jueves -. Aquí sus dejo un interesante a la par que coñón (Eli dixit) acertijo lógico. El que lo consiga resolver ganará una lata de mejillones en salsa picante (llevan en la estantería de mi casa meses y no sé como deshacerme de ellos) y el reconocimiento público de todos los sairutsianos (hay cosas que no tienen precio)
a los relojes. Una tarde, Kant, tuvo la desagradable sorpresa de encontrarse con que el reloj de su casa se había parado, su criado se había olvidado de darle cuerda. El gran filósofo no tenía modo de saber la hora exacta. Poco después se fue caminando hasta la casa de su amigo Schimidt, un comerciante que vivía a un par de kilómetros de su hogar. Al entrar en la casa de su amigo se fijó en la hora que marcaba un reloj de pared que estaba en el pórtico. Tras pasar toda la tarde con Schmidt, Kant regresó a su casa por el mismo camino por el que había venido. Paseaba, como siempre, con el mismo paso constante y regular que no había cambiado en años. No tenía la menor idea de cuánto había tardado en hacer el camino de regreso, pues Schimidt se había mudado recientemente y Kant no había cronometrado aún el trayecto. Sin embargo, apenas llegó a su casa, puso el reloj en hora.¿Cómo pudo saber Kant qué hora era exactamente?

Duelme la cabeza por la parte derecha. Pero tengo coche nuevo así que las penurias físicas se me solventan con las alegrías psicológicas. Este fin de semana trabajé. El viernes vino Pepe Blanco o lo que es lo mismo el Acebes del Partido Polar (lo escribí mal y cuando me di cuenta me gustó y lo dejé así). El socialista se enfadó conmigo –eso lo supe el sábado por la mañana cuando volví a verlo–. Puse en el periódico que el viernes por la noche no quiso atender a los medios de comunicación porque no le salió «de la gana». Me miró con esos ojinos que tiene y dijo «Quizás el periódico que puso esas palabras no sabe diferenciar entre un acto político y una rueda de prensa, y yo ayer iba a un acto político». No le respondí por pereza pero se me antojó explicarle que "En un lugar de la Mancha de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor...”
Don Antonio siempre empezaba abril con la lectura del Quijote. Él sabía que aquellos chicos a los que daba clase en la escuela perdida del sur de Argentina, al sur de todo, nunca conocerían España, ni la Mancha, ni los molinos que su abuelo recordaba en la línea del Horizonte. Ni siquiera él mismo los conocía. Don Antonio nació en Buenos Aires. Creció como pudo entre las máquinas de escribir de la notaría que regentaba su familia y las calles de una ciudad que era las suya, pero no lo era. Porque a él, y a su hermano Alonso, los niños del barrio siempre les llamaban gallegos.
Cada abril que Don Antonio iniciaba la lectura del Quijote, se acordaba del poeta Rafael Alberti, quién sabe por qué. “Ha venido Rafael” decía su padre, “ya llegó el comunista”, añadía su madre con aire de desdén más porteño que otra cosa.
Si venía Rafael, si venía cualquier otro de aquella España lejana que el pequeño Antonio no conocía, su padre los llevaba a la Casa de Asturias. Reunidos en el gran salón del segundo piso todos parecían nostálgicos, llorosos, quizás porque no siempre traían buenas noticias del Norte. Alonso y Antonio se sorprendían del acento rudo y plano que tenían los invitados, muy parecido al del abuelo y al de Gerardo, el panadero riojano que había aparecido en la puerta de su casa un invierno con los pies empapados y el rostro desencajado. Gerardo murió meses después. La abuela decía que de gripe. El abuelo añadía siempre en bajito: "... y de pena".
El electroimán, como la Tierra, tiene dos polos que se llaman Norte y Sur igual que se podían haber llamado Epi y Blas. (Chema de Barrio Sésamo).
No “transgiverses” las cosas. (Pa qué nos vamos a complicar ...)
¿Eres de aquí o vienes a la fiesta? (Ya no es lo típico de ¿Estudias o trabajas?)
Pues a mi el Papa ni me cae bien ni me cae mal, como no lo conozco... (Cristiana practicante).
Ahora pasaré a "endosar" las listas del paro. (Vecina pesimista)
En Asturias no hay “respectivas” de futuro. (Vecina pesimista, de nuevo)
Soy muy “forofofo” del Barça. (Forofa).
C.E.D.A. : Confederación Europea de Democracias Administrativas. (Empollona).
"Y vivió... hasta que murió" (Apocalíptica).
Sumar es una gran masa de agua salada. (Licenciado en Ciencias Exactas)
La Ilíada relata el homenaje a Patrolo, Homero actuó como cronista deportivo. (Literato)
Los antiglobalizadores no estamos locos, sabemos lo que queremos, vivir la vida igual que si fuera un sueño. (Antiglobalizador flamenco).
No piensen ustedes que van a servirle al mundo para algo. (Profesora optimista)
Esta puerta esta mal, hay que echarle "tres en raya". (Ahí estamos! y despues un parchis...)


Roma es una ciudad que esconde más de lo que muestra. Cargados con un ejemplar reciente del National Geografic -en el que se enumeraban los distintos yacimientos, catacumbas y capillas subterráneas de la gran ciudad- nos dispusimos a recorrer los lugares que recorre todo el mundo, pero también a descubrir algunos de los secretos (a voces) que enumeraba la revista. Así llegamos a la Basílica de San Clemente, situada a unos pasos del Coliseo. El templo es, en realidad, una trinidad de iglesias construídas en diferentes épocas una sobre otra y consagradas a distinto dios (o tal vez era el mismo). En la capilla del medio encontramos un fresco en el que se recoge uno de los primeros testimonios escritos de italiano vulgar: "Traite, fili de la pute" (sic). Así de chungos eran los cristianos de la época en que se hizo la capilla intermedia.
Pie de foto: El Norte
Pie de foto: ¿Es nueva o lavada con Perlán?



