15 de marzo de 2006

La muerte de Milosevic


Me enteré de la muerte de Milosevic en una de esas introspecciones furtivas que hago cada tarde en internet mientras espero que me surgan las palabras oportunas para contar este valle que vivimos.
Supe de la existencia del dictador serbio hace muchos años, cuando surgió el conflicto de Los Balcanes, y mi madre se encargó, junto a otras mujeres, de recoger alimentos y ropa para enviar a Bosnia. Entonces el nombre de Slobodan Milosevic se me antojaba lejano. Tanto como los tres mil kilómetros que nos separan de la Antigua Yugoslavia. Con el tiempo, supongo que con la edad, y con mi interrelación con diferentes personajes relacionados con ese país eslavo fuí escribiéndome un perfil más próximo de él. Conocí a María Palacios en la Facultad. Ella había vivido en Belgrado hasta los 18 años, cuando los bombardeos de la OTAN hicieron de Serbia y su circunstancia otro foco de indigencia moral occidental. Las palabras y explicaciones de Palacios sobre el nacionalismo serbio no hicieron cambiar mi opinión preconcebida sobre la crueldad de los pensamientos dictatoriales sean del calibre o la tendencia que sean. Tampoco sirvieron las charlas con sus amigos o un trabajo que hicimos para la «Cátedra UNESCO» titulado «Los nacionalismos en la Guerra del Este». Cinco años después de conocer a María, viajé a Bosnia-Herzegobina. A la zona de Goratze, en la frontera con Serbia. Donde el ejército comandado por Milosevic había cometido tantos asesinatos, violaciones y delitos que en aquel momento –diez años después de todo– los bosnios no tenían ganas de contarlo, tampoco de olvidarlo, ni yo estaba convencida de que necesitara saberlo.
Ha muerto Milosevic, como primero lo hicieron sus dos fieles escuderos Tudjman e Izetbegovic, dejando tras de sí la estela de demasiadas tumbas en los caminos balcánicos y una tristeza doliente en los ojos de Enisa que aún no pude olvidar.

4 comentarios:

tia conchi dijo...

En la vida de todas las personas hay momentos que nos marcan, y aunque esto esta dicho hasta la saciedad....... ye cierto.
Aquel viaje nos enseño una cara no vista en directo por nosotras jamas, y fueron los ojos de tristeza de esta mujer, su amabilidad, su hacer de nada comida pa muchos, su clase,para que en ningunu momentos nos sintieramos mal, por parecer ser las ricas de la pelicula.......para mi,luego vinieron mas viajes.....y los que aun vendran, pero nada sera igual....
Milosevic murio , milosevic no debio nacer nunca.....
Besos AITA

Ricardo Candás dijo...

Cuando me enteré de que había muerto, tuve una sensación rara. En cierto modo me alegré de que no se gastara ni un mísero euro (o equivalente a cualquier moneda en curso legal) en mantener a ese ser humano, de que nadie desperdiciara energía vital para custodiarle, de que no ocupara ningún espacio, ni cama, ni aire que en el fondo nos pertenece a todos. Sin embargo, a persar de esta alegría (y aquí viene la rareza) siento que no se ha hecho justicia...

ana costales dijo...

Yo la verdad, la única sensación es de alegría, sólo espero no estar volviéndome con la edad una fascista....... y ahora a esperar la de Pinochet, que a esti pasu él y Fraga van ser los únicos testigos de fin del mundo.

Eli dijo...

Lo único que me inquieta ye pensar que seguramente lu "murieron" gentes con razones poderosas para quitalu de en medio y salvar el culo. ¿Cuántos no pagarán?

Soy una descreída, pongo la tele y veo a BUsh... pienso que aún nos queda mucho por sufrir a los parias de la tierra.