2 de mayo de 2006

Cuaderno de Bitácora: Malevich, incendios y otros colores


Malevich nos enseñó que también la nada puede ser arte y un incendio en la cocina del bar donde comíamos que el churrasco, en Barcelona, te lo hacen muy pasado. La terraza de Juanma nos indicó el camino para ver otras terrazas mucho más conocidas. El Barrio Chino, al que ahora se conoce como Raval, fue el encargado de mostrarnos cómo el turismo puede cambiar la forma, el fondo y hasta el nombre de un barrio. Otro bar (que no quemó pero en donde nos tuvimos que resguardar de la lluvia mediterránea) nos expuso los inconvenientes de las gotas de agua imprevisibles e inconstantes del Este. Una pizzería con miles de pegatinas nos indicó que no todo en Barcelona está diseñado por Jordi Labanda (o tal vez si). En las calles infectadas de turistas descubrimos que no hace falta saber catalán para vivir allí, hay que saber inglés. El techo en el que la luz de las calles dibujaba extrañas curvas nos remitió nuevamente a Malevich y su nihilismo, gracias, sobretodo a una simple franja amarilla.

4 comentarios:

Juan Plaza dijo...

Y que como ya se sabe, una ciudad se lee con los pies. Y eso se nota al final del día.

ana costales dijo...

Cansadinos eh?

ana costales dijo...
Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.
Anónimo dijo...

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