
Se dice, se cuenta, se rumorea que Immanuel Kant tenía costumbres tan regulares en su vida cotidiana que los habitantes de KÖNIGSBERG, su ciudad, aprovechaban su paso por determinados lugares para poner en hor
a los relojes. Una tarde, Kant, tuvo la desagradable sorpresa de encontrarse con que el reloj de su casa se había parado, su criado se había olvidado de darle cuerda. El gran filósofo no tenía modo de saber la hora exacta. Poco después se fue caminando hasta la casa de su amigo Schimidt, un comerciante que vivía a un par de kilómetros de su hogar. Al entrar en la casa de su amigo se fijó en la hora que marcaba un reloj de pared que estaba en el pórtico. Tras pasar toda la tarde con Schmidt, Kant regresó a su casa por el mismo camino por el que había venido. Paseaba, como siempre, con el mismo paso constante y regular que no había cambiado en años. No tenía la menor idea de cuánto había tardado en hacer el camino de regreso, pues Schimidt se había mudado recientemente y Kant no había cronometrado aún el trayecto. Sin embargo, apenas llegó a su casa, puso el reloj en hora.

¿Cómo pudo saber Kant qué hora era exactamente?
PD: Conste que sé la respuesta porque en casa de mi güela tuvimos, durante años, un juego de lógica que incluía éste y otros enigmas matemáticos que nos trajeron por el camino de la amargura muchas tardes de noviembre y muchos kilos de nueces...
4 comentarios:
que facil...solo hay que escuchar radio nacional
Hombre, si era una persona tan regular supongo que habría adoptado cierto comportamiento parecido al del perro de Paulov: estaba tan acostumbrado a cenar siempre a la misma hora que cuando llegó la hora de la cena, él empezó a tener hambre. Así, pondría el reloj en hora, sabiendo a qué hora cenaba siempre. O eso, o el mui alemán le robó el reloj a su amigo, que parece que no, pero estos kantianos es lo que tienen, culo que veo culo que quiero.
La respuesta:
Al salir de casa, Kant, dio cuerda al reloj de su casa y escribió en un papelín la hora que marcaba. Cuando llegó a casa del colega con nombre de chicles Schmidt apuntó, en el mismo papel, la hora que era en ese momento. Estuvo con el amigo toda la tarde y cuando se fue miró el reloj y volvió a apuntar la hora al salir. Llegó a su casa, miró el reloj de pared y averiguó el tiempo que estuvo fuera. Restó, del tiempo calculado, el que estuvo en casa de Schmidt. Así supo el período invertido en ir y volver. Dividió este entre dos y el resultado se lo sumó a la hora que era cuando salió de casa de su amigo. Este resultado fue el que colocó en su reloj de pared.
Joder, muy bien pensado, sí señor...
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